Debo adelantar que no creo en la casualidad… En 1972, cuando trabajaba como reportero en la desaparecida Gaceta del Norte, en el País Vasco, el entonces redactor jefe –Alfonso Ventura– me puso tras la pista de los ovnis. Aparentemente fue un reportaje más. Quedé perplejo. Aquellas sencillas gentes, en la provincia de Burgos, me hablaron de un gigantesco objeto, estacionado sobre la escuela. Era silencioso. A partir de aquella información, la curiosidad me pudo. Y me ocupé de todos los casos ovni que llegaron a mi conocimiento. No tardé en comprender que el asunto de los «no identificados» era real y de especialísima importancia. Desde entonces he interrogado a más

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