Cocinada a fuego lento: Así surge El viejo cocinero de Fernando G. Mancha

9788416508150

Me apetecía verdaderamente hacer una novela positiva, que se centrase en el lado más amable del ser humano. Porque existen personas buenas, muy buenas, personas con una sensibilidad especial y yo quería ponerme en la piel de una de ellas.

Begoña, profesora de literatura y compañera de trabajo, siempre me animaba a escribir desde las entrañas y en esta novela he tenido claro, por primera vez, que quería que fuese así.

Mi mujer es una excelente repostera y una noche, tras acabar de cenar, mientras quitaba la mesa, el relámpago de una idea cruzó mi cabeza y esa idea no era ni más ni menos que “El viejo cocinero”, la entrañable historia de una hermosa amistad entre dos seres -opuestos en casi todo- entre una adolescente de 14 años, con una sensibilidad y una cultura muy especiales, y un anciano de 82 años, cocinero de profesión, triste y abatido tras la reciente muerte de su esposa.

Esta historia fue tomando cuerpo noche tras noche, cuando antes de ir a dormir, contaba a mis hijos un cachito de ella que, en ese momento, iba surgiendo en mi cabeza (aunque las líneas generales ya las tenía grabadas a fuego en mi interior). Resultó un cuento de buenas noches que se extendió algo más de un mes y medio y Cécile y Marcel pasaron a formar parte de nuestra familia.

Luego llegó el tiempo de pulir las ideas, de documentarse y de ponerse a escribir… pero ese momento no acababa de llegar: el pánico del artista ante el papel en blanco. Hasta que un buen día, en una gigantesca y perfectamente abastecida papelería, Fernando, mi hijo mayor (10 años), me obligó a comprar un precioso cuaderno -con una cubierta en cartoné de una belleza extraordinaria- donde poco después empezaría a escribir la historia de Marcel y de Cécile: “Papá, cómprala y empieza ya de una vez a escribir tu novela”. Y yo, como padre obediente que soy, le hice caso.

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